Este fin de semana acudí por primera vez a un evento blogger. He de reconocer que estaba un poco asustada con toparme con gente desconocida, pero la verdad es que todavía recuerdo ese primer día en el que desembarcamos todas en Elche, el pasado viernes 17 de mayo, y Esther (del blog Estherdemoda) se acercó con la pregunta del millón: "¿Y tú de dónde eres?". No sabía si decirle un hola me llamo Lorena y soy de Valencia aunque ahora estoy viviendo en Madrid, o soy Lorena del blog Viva la Couture. Ante esa duda solté una carcajada. Y así fue el inicio de estas jornadas. Diversión, aprendizaje de la mano de profesionales y amistades que valen la pena. El primer día visitamos el Parque Empresarial de Elche; en concreto fuimos a ver el trabajo de las marcas Martinelli y Mustang. Martinelli nos dio a conocer su tienda piloto y su nuevo concepto de calzado, y Mustang nos presentó todas sus marcas (he de confesaros que me quedé prendada de Maria Mare y SixtySeven). Para el primer día llevé jeans de Stradivarius, basic de Zara, chaleco de Morgan y bolso de Roberto Cavalli. Y ya en las jornadas, vestido de Nice Things, bolso El Potro, zapatos de H&M y collar de Maya Hansen. Y para la fiesta, vestido de Guess y chaqueta de Mango.
Hagamos un recorrido fotográfico por lo que dio de sí la primera edición de la EBFW. He de deciros que las fotos se quedan cortas!
Ávila ha sido otro de mis último viajes. Y he de decir que lo que más me gustó fue el chuletón!!!!! jajaaaaja. La ciudad es pequeñita pero con muchísimo encanto. Una buena opción para pasar un día tranquilo y cargarte de paisajes impresionantes. Y es que un viajecito, sea donde sea, siempre te sienta genial, como si te hubieses comprado una mente nueva y la estrenas justo el día en el que vuelves a la gran ciudad.
He de deciros que hoy estoy muy emocionada porque centenares de bloggers nos vamos a pasar el fin de semana a Elche, concretamente a la Elche Bloggers Fashion Weekend. Os iré contando por Instagram (@lorena_diego) y Twitter (@lodiesan). Esperemos que el tiempo nos acompañe!!!!!!
Perderse en lugares extraordinarios, con historia, y llenos de buena gastronomía, va de fábula. Últimamente he estado haciendo varios viajecitos, lejos de la gran ciudad. Uno de mis últimos destinos ha sido Toledo; un lugar que recorrí hasta en las calles más estrechas y a través de las cuales padecí, por qué no decirlo, sus subidas y bajadas que hacían tomárselas con muchísima filosofía cual día en el gimnasio.
Llegó el final del puente y hoy toca de nuevo la carga. Unos días que bien han valido para descansar, recargar el cuerpo (con la esperadísima comida de las mamis, y que tanto se echa de menos cuando una está fuera), y disfrutar de amigos. Estas fotos son anteriores a "mi descansito puentil" en Valencia. Estrené este collar en color flúor y con calaveras de la colección que la diseñadora Maya Hansen ha realizado para Fosco.
Apariencias, siliconas, muchasplastias y cirugía sin fin. Parece sacado de un guión y así lo es. Ayer fui a ver la obra de teatro Lifting, de Miren Ibarguren, Pepa Rus, Elisa Matilla y Josele Román. Un texto desternillante adornado con indumentarias de David Delfín y que hace una crítica de las obsesiones femeninas por la belleza y el hecho de estar siempre perfectas. Precisamente esta semana he entrado en varios debates de Señoras que… ¡Qué complicado es hacerse mayor! Y digo esto porque el otro día surgió la discusión de a partir de qué edad es licitico que te llamen señora, y por extensión, que dejen de dirigirse a ti como señorita.Pues bien, parece que no hay barreras y la supuesta educación se antepone a la sensibilidad emocional del receptor.
Esto quiere decir que si alguien se dirige a ti como “usted”, lo aceptamos, la vieja escuela así lo manda. Pero si te llaman “señora” cuando tienes 26 años, por ahí no pasamos. Como mucho aceptaremos lo de “señorita”, aunque tampoco nos gusta demasiado el término. E incluso aceptaríamos que se dirigiesen a nosotros con un vasto, pero cercano,” ¡eh tú!”, pero de “señora” nada de nada, por favor. Estoy indignada, sí. De la vida, de los educados maximalistas (superlativo de minimalista) y de la superficialidad. Apuesto por la cercanía, pero no aquella que derraman algunas dependientas impertinentes en mini tiendas donde te sientes observada por veinte ojos al ritmo del ronroneo del “¿desea algo?”, cuando acabas de pasar el umbral de la puerta, o “¡lo tenemos en más colores!”, cuando simplemente has cogido un bolso y le has dado la vuelta 180 grados, y es a los 90 cuando escupen la preguntita de turno. Una cosa es la amabilidad, y otra muy distinta la pesadez. Porque no voy a comprar algo por el mero hecho de que alguien esté al lado mío recorriendo la tienda persuadiéndome con su aparente espíritu empresarial. Y, si me decido, motu proprio, a comprar algo y a la hora de pagar me dicen “¿desea algo más, SEÑORA?” seré capaz de tirar la toalla y dejar a la dependienta cargada de ropa y bolsos que ya no me venderá por su excesiva educación. Ahí lo dejo.